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Tenía 20 años y deambulaba de facultad en facultad, empecé con Arquitectura pero los rotrings y yo no nos llevábamos bien, me interesé por Ingeniería Industrial pero me di cuenta que en Cálculo y Álgebra no pillaba nada, me frustré y decidí apostar por algo mas light así que me matriculé en Empresariales. Me lo pasé bien y casi termino sino es porqué un día acompañé a un amigo a una clase de la facultad de  Filosofía, no tardé en  matricularme,  me pasaba el día entero en la biblioteca leyendo los clásicos y soñando y no asistí mucho a clase.

Siempre me han apasionado los mapas, eso me llevaría  a Geografía e Historia, no sin antes pasar por Psicología y estudiar un par de asignaturas muy interesantes.

Andaba perdido, por detrás mis padres y amigos no paraban de pedirme que acabara algo, muchas veces he pensado que perdí el tiempo, ahora se que no lo hice.

Entre  matrículas y  facultades un día encontré encima de una mesa de la facultad de Biología (sí, también me atrae el ADN mitocondrial) un ejemplar de la National Geographic. En portada aparecía el trabajo de Jim Brandenburg “90 días en los bosques de Minnesota” y la última hoja hablaba de un tal Henry David Thoreau y su libro, “Walden” o la vida en los bosques.

Me trasladé a trabajar a Escocia y lo primero que hice al llegar fue buscar Walden en la biblioteca de la universidad de St. Andrews, lo leí por completo en inglés, acto seguido encargué la versión en español porque no lo entendí.

I went to the woods because I wished to live deliberately, to front only the essential facts of life, and see if I could not learn what it had to teach, and not, when I came to die, discover that I had not lived.

Henry David ThoreauWalden (1854)

Parecía que las palabras que aparecían en Walden estuvieran especialmente escritas para mi, me apasionó y quedé fascinado.

El famoso discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford, la ponencia de Emilio Duró que publiqué ayer, Walden… todos me transmiten una sensación parecida y todos hablan de amor y pasión.

Hoy he visto una foto en la que aparezco con una cámara de plástico colgada del cuello, tenía 3 años.

Esa primera cámara de juguete, la Canon F1 que me regaló mi abuelo, la Ricoch que compramos en Andorra después de dar la vara a mis padres durante 2 meses, los libros, los mapas, los viajes, Walden…todo era una demanda que no atendí como se merecía. Me dediqué  a otros oficios y olvidé la pasión, por suerte el tiempo se ha encargado de colocarlo todo en su sitio, aunque no debemos olvidar que no tenemos todo el tiempo del mundo.