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Durante estos  días de confinamiento en casa he reflexionado sobre la  Fotografía. He recordado la sensación, casi mágica, de ver mis primeras  fotos reveladas y he rememorado cuantas aventuras y personas he conocido con la “excusa” de la fotografía.

Siempre la he sentido como una pasión, como algo que vive dentro de mi y que me hace sentir feliz. He aprendido muchas cosas, pero siento que el camino es largo y eso me gusta. Entiendo la Fotografía como un recorrido sin una meta, un proceso que cambia y evoluciona a medida que yo voy viviendo y acumulando experiencia. Nunca tengo la sensación de estar saciado fotográficamente hablando, de hecho me pasa lo contrario, siempre tengo ganas de saber más, de experimentar, de aprender.

Ahora, con más de 10 años de experiencia como fotógrafo freelance, miro atrás y veo una sucesión  de pequeños pasos que me han llevado donde estoy hoy. Ganarse la vida como freelance no es un camino fácil, parece que siempre estés remando contracorriente y si dejas de hacerlo, la corriente te hace retroceder. Todo es cuestión de ritmo, pequeñas mejoras constantes, a veces tan pequeñas que ni se entienden como mejoras, pero que con el tiempo suponen una  evolución imparable. Esta evolución me ha permitido entender cómo funciona una cámara, he comprendido la importancia de la luz, del momento y de la composición y lo más importante, he entendido que esta evolución no es solo técnica sino es artística y personal. Cuando leo un libro, escucho música o vivo una nueva experiencia me convierto en mejor fotógrafo.

Con el tiempo las imágenes se acumulan y algunas de ellas se convierten en interruptores que tienen la capacidad de activar recuerdos ocultos dentro de nuestro cerebro. Recuerdos de los que ni tan solo somos conscientes, pero que están con nosotros. Al mirar una fotografía antigua esos recuerdos reviven y rememoramos sensaciones y experiencias. Estas fotografías son accesos directos a nuestra vida y por lo tanto nos definen y nos permiten comprendernos mejor. 

Durante estos años he realizado gran cantidad de fotos alrededor de todo el mundo, he fotografiado montañas, auroras boreales, grandes ciudades, desiertos, personas… pero hay una categoría que es la más importante, las fotos de mis seres queridos.

Esta categoría de fotos familiares me transmiten un sentimiento de anhelo y nostalgia. 

Disfruto viendo y estudiando el trabajo de otros fotógrafos, en ocasiones encuentro imágenes que me hacen soñar y me permiten visualizar planes futuros. 

La fotografía es expresión, un grito al cielo, un instante perpetuo, una excusa, una posibilidad, una forma de mirar que satisfacerá tu curiosidad y te aportará conocimiento.