Hace 15 años descubrí a Henry David Thoreau mientras leída una de las primeras National Geographic publicadas en castellano. Al final de un fabuloso artículo de Jim Brandenburg, se hacía mención a un filósofo que vivió en una cabaña en los bosques de Concord, Massachusetts.

Ese mismo día, me dirigí a la biblioteca de la universidad para empezar a leer “Walden or Life in the Woods” de Henry David Thoreau, en esa época vivía en St.Andrews en Escocia. Saboreaba las palabras de Walden al mismo tiempo que descubría los paisajes otoñales de los bosques cercanos a la ciudad, fue una época maravillosa.

Esa lectura me cambió, me hizo descubrir, pensar, sentir y desde entonces siempre me ha acompañado.

Cito a continuación parte del artículo de Emma Rodríguez “La Lección de vida de Henry David Thoreau” del blog Lecturas Sumergidas:

“Leí una versión reducida de “Walden. La vida en los bosques” de adolescente y me pareció tan reveladora, tan a contracorriente, tan pegada a lo que yo, aún calladamente, pensaba de la realidad, del mundo, de la sociedad -cuyas falsedades e imposturas ya empezaba a atisbar- que, desde entonces, no sólo ha sido una presencia, más o menos constante, en mi trayecto, sino una influencia decisiva, muy intensa, muy interiorizada, en mi manera de mirar, pero también de soñar, de anhelar, de relacionarme con los demás”.

Yo no podría haberlo expresado mejor.

Leo y a veces releo todo lo publicado de y sobre Thoreau y cada vez me transmite unas poderosas sensaciones que no he sido capaz de encontrar en ninguna otra lectura.

“Me fui a los bosques porque quería vivir sin prisa. Quería vivir intensamente y sorberle todo su jugo a la vida. Abandonar todo lo que no era vida, para no descubrir, en el momento de mi muerte, que no había vivido”.

Yo he encontrado una relación íntima entre Thoreau y la fotografía, la naturaleza y el caminar. Estas lecturas han transformado mi manera de ver el mundo, mi fotografía.

“De nada sirve, por descontado, dirigir nuestros pasos hacia los bosques, si no nos llevan allá. Me alarmo cuando ocurre que he caminado físicamente una milla hacia los bosques sin estar yendo hacía ellos en espíritu. En el paseo de la tarde me gustaría olvidar todas mis tareas matutinas y mis obligaciones con la sociedad. Pero a veces no puedo sacudirme fácilmente el pueblo. Me viene a la cabeza el recuerdo de alguna ocupación, y ya no estoy donde mi cuerpo, sino fuera de mí. Querría retornar a mí mismo en mis paseos. ¿Qué pinto en los bosques si estoy pensando en otras cosas? Sospecho de mí mismo, y no puedo evitar un estremecimiento, cuando me sorprendo tan enredado, incluso en lo que llamamos buenas obras…. que también sucede a veces”.

“Aún más, tienes que andar como un camello, del que se dice es el único animal que rumia mientras marcha. Cuando un viajero pidió a la criada de Wordsworth que le mostrase el estudio de su patrón, ella le contestó: Esta es su biblioteca, pero su estudio está al aire libre”.

La fotografía se aprende fotografiando, saliendo con la cámara y aventurándose. Cuando paseamos debemos olvidarnos de nuestros pesares, vivir el ahora, estar en armonía con la naturaleza, con el entorno y si lo logramos, entonces empezaremos a fotografiar la belleza.

Thoreau decía: “Las carreteras se han hecho para los caballos y los hombres de negocios. Yo viajo por ellas relativamente poco, porque no tengo prisa en llegar a ninguna venta, tienda, cuadra de alquiler o almacén al que lleven”.

Si no lo habéis hecho os recomiendo la lectura de “Walden”, lo podéis comprar aquí.

Y un par de artículos indispensables sobre Thoreau: