Seychelles: un curso de fotografía en pleno Océano Índico
Hay archipiélagos que parecen diseñados para la cámara, y las Seychelles son uno de ellos. Rocas de granito que llevan ahí sesenta millones de años, palmeras inclinadas sobre agua turquesa y una luz que cambia de color tres veces al día. Ahí monté el curso: cinco días recorriendo Mahé, Praslin y La Digue, con la cámara como excusa para mirar despacio.
No fue un curso técnico al uso. Fue un curso de mirada, con el océano Índico como aula.
Lo más destacado del curso
- Las rocas de granito de Anse Source d'Argent: trabajamos formas y capas con las piedras gigantes como primer plano y el mar turquesa detrás.
- La Vallée de Mai, en Praslin: fotografía en el bosque de coco de mer, con una luz filtrada muy distinta a la de la costa.
- Retratos de tortugas gigantes: paciencia y distancia, más que técnica, para conseguir una mirada honesta del animal.
- La vida criolla en los mercados de Mahé: trabajo de calle y de confianza antes de levantar la cámara.
- Cielo nocturno sin contaminación lumínica: una noche entera dedicada a la Vía Láctea desde La Digue.
- Revisión de material en grupo: cada tarde, sesión de edición conjunta para ver qué estaba funcionando y qué no.
El recorrido, día a día
Día 1 — Mahé, la llegada
Aterrizamos en Mahé a media mañana. Por la tarde, mercado de Victoria: color, gente, pescado recién traído. La primera lección del curso no fue técnica, fue aprender a moverse por un lugar nuevo sin molestar a nadie con la cámara.
Día 2 — Praslin y el bosque de coco de mer
Ferry hasta Praslin y jornada entera en la Vallée de Mai. Trabajamos la luz filtrada entre las palmeras: nada que ver con la luz abierta de la playa del día anterior. Fue el día que más costó a casi todo el grupo, y también el que más cambió la manera de mirar de cada uno.
Día 3 — La Digue en bicicleta
La Digue se recorre en bici, sin coches. Pasamos la mañana entre las rocas de granito de Anse Source d'Argent, buscando composición entre las piedras y el mar. Por la tarde, retratos pausados a las tortugas gigantes que se cruzan por el camino.
Día 4 — La noche
Sin luz artificial cerca, el cielo se abre entero. Dedicamos la noche a la larga exposición: estrellas, siluetas de palmeras y la sensación de estar mirando algo que casi nadie más ve desde ahí.
Día 5 — Cierre y vuelta a Mahé
Última mañana de luz suave en la costa, revisión final de las series de cada alumno y vuelta a Mahé para el vuelo. El curso termina, pero las fotos siguen editándose durante semanas.
Lo que me llevo
Seychelles no da fotos fáciles. Da tiempo, silencio y un paisaje que obliga a mirar despacio, roca a roca, palmera a palmera. Eso, al final, es lo que buscamos siempre en estos cursos: no una foto concreta, sino una manera distinta de prestar atención.
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